Afortunadamente, pude encontrar la Plaza de Santa Ana después de salir de mi piso en Chueca. A un lado de la plaza es el Teatro Español, donde la programación principal es Ricardo III, que es escrito por William Shakespeare y dirigido por Eduardo Vasco. También en la plaza hay estatuas de dos escritores, Federico Garcia Lorca, y Calderón de la Barca. Sabía quien era Lorca, y he leído algunas de sus obras, pero no sabía nada sobre Calderón. Resulta que el era un dramaturgo prominente del teatro de la edad de oro en España. Cuando estuve en la plaza, fue la hora de la comida, ella estaba llena de gente comiendo y caminando. Disfruté de la atmósfera festiva, y me alegré que había elegido un día tan agradable para visitar al barrio.
Después de conseguir una poca perdida, encontré la Plaza de Angel, que es más pequeño. Según unas inscripciones en la acera, la plaza fue nombrado para un cuadro del ángel de la guarda que estuvo en el convento de San Felipe Neri en el siglo XX hasta fue destruido. Seguí caminando por la plaza hasta el Café Central, donde muchas personas comían. El café ofrece música en vivo, en particular Jazz. Seguí por la Calle Huertas y vi a muchas inscripciones de grandes escritores españoles, incluso Galdós, Góngora, Bécquer, Echegaray, Cervantes, Quevedo, Vega, Felipe, y Moratín. Paré a cada inscripción y tomé el tiempo de leer, a pesar de todas las personas y coches en la calle. Muchos de los escritores y dramaturgos fundamentales cuyas palabras son inscritas en la calle vivían en el barrio. De hecho, mientras caminaba por la Calle de Cervantes, vi a las casa de Miguel Cervantes y Lope de Vega. Las antiguas residencias comparten la calle con muchos bares y restaurantes modernos — en realidad, el barrio está lleno de ellos.
Finalmente, necesitaba encontrar una última plaza, la Plaza de Canalejas. Porque no tenía ni idea de donde estaba, fui a una panadería a preguntar. La mujer me dijo que la plaza estaba cerca de Sol, así que caminé en esa dirección y milagrosamente, encontré a Lhardy, una pastelería que está cerca de la plaza. Un empleado me dijo que son muchos pasteles típicos de navidad en Madrid, y me mostró algunos como mazapán, polvorones, y sopa de almendras. Todos parecían deliciosos, y me puso triste que no tenía dinero para comprar algunos. Después, concluí mi visita en la Plaza de Canelejas, pero no vi a ningún pastelería. Esto también me puso triste porque había querido comprar unas caramelos para mi mama española.
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